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Análisis a cinco años del inicio de la política muestra una reducción global en los precios, así como un traslado de consumidores hacia las versiones genéricas certificadas de los productos.

Cuando una píldora de un medicamento genérico certifica a través de pruebas de laboratorio que se disuelve en la sangre con la misma velocidad y en la misma proporción que su fármaco original, queda catalogado como bioequivalente.

Esta política fue impulsada desde fines de la década pasada, pero recién en 2011 estuvo la decisión política de impulsarla con decretos que ponían fechas límite para distintos grupos de moléculas, que hoy suman 192.

De ese grupo, que representa 249 “formas farmacéuticas” distintas, actualmente hay un grupo de medicamentos que son los que tienen más versiones de bioequivalentes, de acuerdo con la empresa QuintilesIMS, que audita el mercado de los fármacos en los locales de retail .

Sus datos muestran no solo que, en términos globales, el impacto de la bioequivalencia sobre el mercado farmacéutico ha generado una reducción real de 3,88% en los precios, sino también cómo esta política ha modificado la competencia entre los distintos medicamentos que se han visto sometidos a ella.

Algunos no se venden

Así, Rodrigo Castillo, business manager de Quintiles IMS, explica que de las 192 moléculas que hoy son objeto de bioequivalencia, hay 54 que tienen un mercado marginal. Por ejemplo, hay cinco que no se venden, nueve que venden menos de US$ 100 mil al año, 4 que tienen ventas por US$ 150 mil y 19 que están en la última etapa de ciclo de vida del medicamento. “Eso muestra que se incluyeron medicamentos (en la bioequivalencia) solo por estar exigidos en las guías clínicas del AUGE, pero no porque se usaran efectivamente”, explica.

Un panorama completamente distinto ocurre en el 9% de los medicamentos, donde el gran interés por certificarlos da cuenta de una gran competencia. Sin ir más lejos, entre los diez medicamentos con más versiones acreditadas como bioequivalentes suman 264 fármacos.

Los que más se repiten son la atorvastatina (para reducir el colesterol), la quetiapina (antipsicótico de segunda generación, que también sirve como antidepresivo) y el sildenafil, cuyo original es el Viagra, para la disfunción eréctil.

Dentro de ese grupo, hay medicamentos de alto uso, como el paracetamol (19) y el ibuprofeno (25, como otros para ciertos grupos de males, como la hipertensión (Losartán, 18 y Valsartán, 22), la diabetes (metformina, 29) o la depresión (sertralina, 18).

El grueso de las moléculas que por norma deben certificarse a la fecha, un total de 90, tienen entre una y cinco presentaciones distintas cada una.
“Opción de cambiar las recetas empodera a las farmacias”

Uno de los puntos de la legislación que se discuten en el Congreso que más controversia han generado es la adopción por parte de Chile de la obligación de prescripción a través de la Denominación Común Internacional de cada medicamento. Esto busca evitar que la industria coopte a los médicos a través de prebendas para que estos receten los productos de una empresa por sobre otros, pero en la industria de laboratorios internacionales -que tienen iniciativa para eliminar los conflictos de interés en la relación entre las farmacéuticas y los facultativos en conjunto con el Colegio Médico- dicen que el efecto final que tendrá este método es que las farmacias “van a poder vender solo el medicamento que les reporte el mayor margen”, dejando todo el poder de decisión en manos del local que lo vende, de acuerdo a lo expuesto por Jean Jacques Duhart.

Hoy, las recetas médicas pueden venir prescritas en los nombres comerciales de cada laboratorio, pero pueden ser intercambiables solo por un medicamento bioequivalente, a solicitud del paciente.
Laboratorios de innovación defienden política de certificación

En la industria de los laboratorios internacionales dedicados a la innovación que están presentes en Chile, la bioequivalencia ha servido “para emparejar la cancha”, al introducir un indicador que permite comparar la calidad de los medicamentos de manera objetiva.

Sin embargo, creen que la discusión que hoy se lleva en torno a lo que se ha denominado “Ley de Fármacos II” ha relativizado estos resultados y se ha generado incertidumbre que califican como “innecesaria”. A juicio del vicepresidente ejecutivo de la CIF, Jean Jacques Duhart, “se tienen que despejar las dudas y generar un consenso que permita avanzar en una nueva hoja de ruta”.

Aunque estos laboratorios producen principalmente los medicamentos originales (aquellos protegidos por las patentes comerciales), la mayoría ha presentado versiones bioequivalentes, incluso de aquellos que tienen a sus propios productos como referencia.

 

Publicado por El Mercurio.

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