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Las hepatitis A, B, C, D y E son enfermedades infecciosas que pueden causar hepatopatías agudas y crónicas. Según cifras de la OMS, existen 400 millones de personas que padecen algún tipo de hepatitis, es decir, más de 10 veces el número de personas infectadas por VIH.

Las hepatitis matan cerca de 1,4 millones de personas al año, mayoritariamente por la hepatitis B y C.

Afortunadamente existen vacunas y medicamentos que pueden prevenir o paliar los síntomas de las hepatitis, sin embargo, es necesaria mayor conciencia de lo que significa esta enfermedad, y a la vez comprender la importancia de la prevención y los riegos del contagio.

La prevención y los exámenes continuos son fundamentales, ya que una persona puede convivir durante décadas con hepatitis viral sin saberlo, pero su hígado se irá dañando silenciosamente hasta desarrollar cáncer o cirrosis. Se estima que el 57% de los casos de cirrosis hepática y el 78% de cáncer primario de hígado son debidos a infecciones producidas por los virus de la hepatitis B o C.

El 28 de julio se celebra el Día Mundial Contra la Hepatitis, la fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el nacimiento del descubridor de la hepatitis B, Baruch Samuel Blumberg, y hace un llamado a los Estados Miembros a realizar un trabajo continuo para intentar eliminar las hepatitis víricas.

Fue en la 69ª Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra donde 194 gobiernos adoptaron la Estrategia Mundial de la OMS sobre la Hepatitis Viral. Se espera que para el año 2030 se haya eliminado el virus en todas sus formas en base a la prevención y al tratamiento.

Tipos de hepatitis

Hepatitis A (VHA): el contagio y la propagación se produce principalmente por ingerir alimentos o agua potable contaminados por heces de una persona infectada. Este tipo de hepatitis no causa una enfermedad hepática crónica y muy pocas veces produce la muerte. Puede prevenirse limpiando muy bien los alimentos y evitando beber agua de fuentes potencialmente infectadas. Existe una vacuna que previene el contagio.

En Chile, se detectó un alza en las tasas de contagiados (3,2 a 6,4 contagios por 100 mil habitantes) asociados a prácticas sexuales entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y sin protección.

 

Hepatitis B (VHB): es una infección vírica del hígado que puede provocar un cuadro agudo o una enfermedad crónica como la cirrosis hepática o cáncer de hígado. En 2015, ocasionó 887.000 muertes, la gran mayoría debido a sus complicaciones. Puede contagiarse de distintas maneras, algunas son:

 

  • Durante el nacimiento, la madre le pasa el virus al bebé. En el caso de los infectados al nacer, presentan más posibilidades de desarrollar la enfermedad de manera crónica.
  • Contacto con la sangre o fluidos corporales de una persona infectada
  • A través de jeringas, rasuradoras o equipamiento médico no esterilizado.
  • Por vía sexual.

 

Desde 1982 existe una vacuna con una eficacia del 95% que se aplica a todos los recién nacidos en distintas dosis. Esta vacuna previene aproximadamente 4,5 millones de infecciones al año en niños.

Solo el 9% de las personas que viven con hepatitis B conocen su diagnóstico. Hay 257 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B.

Para los casos agudos no hay un tratamiento específico por lo que la atención se concentra en mantener un equilibrio nutricional para recuperar los líquidos perdidos por diarrea o vómitos. En cambio, cuando la infección se torna crónica, el virus puede tratarse con antivirales orales que retrasan el avance de la cirrosis o reduzcan la incidencia del cáncer de hígado.

Hepatitis C (VHC): el contagio es a través del contacto sangre a sangre de una persona infectada a una sana, uso de drogas inyectables o procedimientos médicos con instrumentos no esterilizados. El contagio de madre a hijo también es posible pero poco frecuente. No se transmite a través de la leche materna, alimentos, agua ni por contacto ocasional con la persona afectada, si por prácticas sexuales.

Puede desarrollarse de manera aguda o crónica, pero lamentablemente la mayoría de los infectados desarrollan cirrosis hepática o cáncer de hígado. Sin embargo, más del 90% de los infectados pueden disminuir los síntomas si reciben el tratamiento adecuado, de esta forma se reduce el peligro de cáncer o cirrosis. Actualmente no existe una vacuna para la hepatitis C, no obstante, los laboratorios sigan trabajando en ella.

Existen 71 millones de personas con hepatitis C y solo el 20 % de las personas conoce su diagnóstico.

Hepatitis D (VHD): se transmite a través del sangre a sangre, pero solo se contagian las personas que ya están infectadas con hepatitis B. La prevención de este virus es básicamente vacunarse contra la hepatitis B porque no existe una terapia antiviral específica para la hepatitis D.

Hepatitis E (VHE): se propaga principalmente a través de alimentos o agua potable contaminada con heces infectadas. El saneamiento de alimentos puede ayudar a prevenir este virus que en mujeres embarazadas puede llegar a ser letal cuando la enfermedad pasa a ser fulminante (insuficiencia hepática aguda).

No hay tratamiento específico para la hepatitis E. Sin embargo, en casos agudos normalmente después de 4 a 6 semanas la enfermedad desaparece.

Cada año hay aproximadamente 20 millones de personas infectadas por el VHE. Y al año mueren cerca de 44.000 personas infectadas, lo que representa el 3,3% del total de muertes por hepatitis víricas.

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