Una de las principales preocupaciones de la Cámara de la Innovación Farmacéutica de Chile (CIF), durante la discusión de la Ley de Fármacos II es el efecto que tendría la obligación de los profesionales de la salud de prescribir el medicamento por la Denominación Común Internacional (DCI), o principio activo, y los efectos de dicha medida en materia de intercambiabilidad segura de los medicamentos.

”En Chile existe una desigual calidad de los medicamentos que no permite una intercambiabilidad segura de los mismos, según recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque no todos los productos disponibles han certificado su bioequivalencia o equivalencia terapéutica. Si el objetivo de la Ley de Fármacos II es fomentar los medicamentos bioequivalentes, la obligación de incluir la DCI (nombre de la droga o principio activo) a todo evento, como exige el actual proyecto en discusión en el Congreso, va en sentido contrario y dispara al corazón de la política de bioequivalencia, estimulando el intercambio en la cadena de farmacia por productos de mayor margen y no necesariamente bioequivalentes”, señala Jean-Jacques Duhart, vicepresidente ejecutivo de CIF.

Por ello, señala Duhart, ”nos preocupa que se obligue a los profesionales de la salud a incluir a todo evento la DCI, ya que con ello se está autorizando una intercambiabilidad indiscriminada y no sujeta a bioequivalencia, por cuanto en la farmacia al usuario le pueden entregar cualquiera de las numerosas versiones de medicamentos que comparten la misma DCI y no necesariamente la del genérico bioequivalente”.

El ejecutivo de la CIF afirma que el impulso que la anterior Ley de Fármacos I dio a la bioequivalencia, al autorizar la intercambiabilidad de un medicamento en el mesón de la farmacia sólo por un bioequivalente, ha demostrado ser el camino correcto en el objetivo de mejorar el acceso de los pacientes no sólo a medicamentos de calidad certificada sino también a medicamentos de menor precio. Abrir la intercambiabilidad a medicamentos que no han certificado su bioequivalencia con el medicamento original, además de ir en contra de las normas de la OMS y agencias internacionales como la FDA en Estados Unidos y EMA en Europa, desincentivará a la industria farmacéutica de genéricos por seguir mejorando los estándares mínimos de calidad, Buenas Prácticas de Manufactura y Bioequivalencia que debe tener un medicamento.

¿Es la bioequivalencia el camino adecuado para bajar los precios de los medicamentos?
”Absolutamente. Cuando los pacientes y usuarios tienen disponibles alternativas de medicamentos con calidad comparables, ellos optan naturalmente por las opciones más económicas, como son los genéricos bioequivalentes. Este cambio en los hábitos de los pacientes, que prefieren los medicamentos bioequivalentes por sobre los originales y los genéricos de marca, trae consigo una disminución en el costo final pagado por los pacientes, lo que permite asegurar que la política de bioequivalencia es el camino correcto para lograr estos dos objetivos: un mejor acceso de los pacientes a medicamentos de calidad certificada y a precios accesibles”, afirma Duhart.

En cifras

En Chile cerca del 45% de los productos que se comercializan no han demostrado de manera completa su calidad, eficacia terapéutica y seguridad como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), y como es la regla aplicada por las agencias sanitarias en los países de la OECD y también en varios de la región, tales como México y Brasil.

 


Fuente: La Tercera

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