El país acaba de aparecer como el más atractivo de la región para esta industria, en el estudio Inversión y Competitividad en Biomedicina 2017. Sin embargo, el informe alerta que hay temas regulatorios, como una mayor dificultad para realizar pruebas clínicas, que podrían jugar en contra de su competitividad.

La vocación del país por convertirse en un polo de innovación, incluso en la industria biofarmacéutica, es uno de los aspectos que más destaca la última edición del estudio Inversión y Competitividad en Biomedicina 2017 (BCI), informe que encuestó a más de 500 ejecutivos de las principales multinacionales que operan en economías desarrolladas y emergentes, y que fue presentado en Chile por la Cámara de Innovación Farmacéutica (CIF).

En su cuarta edición, el estudio -que incluyó a Chile por primera vez- analizó a 36 de los mercados farmacéuticos más grandes y activos del mundo (11 de ellos en América Latina), evaluando el grado de atractivo y competitividad para el desarrollo de la industria biofarmacéutica, así como el nivel de confianza en cinco áreas, incluyendo el grado de sofisticación de la infraestructura local de I+D, las capacidades regulatorias, la protección de propiedad intelectual y las dinámicas de mercado.

La evaluación arrojó que Chile se ubica a la cabeza de Latinoamérica en estas materias, con un puntaje de 69,4 sobre un máximo de 100, que posiciona al país en el contexto internacional de economías emergentes, sólo después de Singapur, Israel, Taiwán y Corea. Pero lejos aún de los mercados que lideran el tema, Estados Unidos y Suiza, considerados maduros y altamente seguros para la inversión biofarmacéutica.

Para el presidente de la CIF, Ítalo Zanca, esto “confirma el potencial que tiene el país para desarrollar un polo de clase mundial en el área de la biomedicina y la exportación de servicios globales asociados a la salud, contribuyendo así a la diversificación productiva e inserción internacional de Chile”.

A nivel de fortalezas, uno de los aspectos más relevantes tiene que ver con las capacidades científicas y la infraestructura, área en la que Chile obtiene su mejor puntuación, con un 72% del puntaje total.

En este ámbito, la investigación destaca que, pese a que el gasto del país en I+D es menor al promedio OCDE, estos recursos se han invertido estratégicamente en convertir al país en un hub regional de I+D, en tanto que la infraestructura biofarmacéutica es considerada naciente y en desarrollo.

El ambiente para ensayos clínicos es evaluado favorablemente, con procesos simplificados y buena infraestructura, aunque se advierte que la mayoría de los hospitales y clínicas no cuenta con centros de investigación.

El entorno regulatorio también es bien visto, teniendo en cuenta los altos estándares en relación con las biofarmacéuticas, mientras que los esfuerzos por aumentar el nivel y el alcance de los tratamientos de alto costo, a través de la Ley Ricarte Soto, también son valorados, especialmente porque apuntan a abrir el sistema a modelos basados en valor. También logra una buena evaluación el proceso de patentamiento.

“Las fortalezas de Chile son suficientes para demostrar irrefutablemente que el país tiene potencial, que esto no es un ejercicio imaginario”, explica Daniel Coriat, director de la consultora Pugatch Consilium, autora del estudio.

 

Temas pendientes

Sin embargo, el ejecutivo destaca que hay una serie de temas regulatorios que los encuestados alertaron como “posibles trabas” a la inversión biofarmacéutica en Chile, ya que distancian al país de protocolos internacionales como el de Helsinki.

Una de ellas tiene que ver con la Ley de Fármacos II que, aunque busca estimular el consumo de medicamentos genéricos, “impone restricciones a la hora de usar marcas”, dificultando a las farmacéuticas el comercializar sus productos en Chile.

Coriat resalta también las aprensiones del sector sobre algunos puntos de la Ley Ricarte Soto, en cuanto a las responsabilidades de los laboratorios en los estudios clínicos, lo que ha hecho a algunas empresas frenar los recursos para este tipo de pruebas en el país. Y la posibilidad de definir licencias obligatorias que permitan replicar medicamentos con patentes vigentes para bajar su precio, señala el analista, podría ser un tema crítico a la hora de que un laboratorio defina invertir o no en Chile.

“Desde el ángulo competitivo internacional, el panorama está muy claro: México está salivando por tomar el puesto de Chile, y cuando Chile haga licencias obligatorias, de un plumazo la inversión va a irse a México”, recalca.

Este interés se relaciona con que los países que han logrado atraer inversión en el sector farmacéutico han elevado los estándares de sus sistemas de salud y se han convertido en exportadores de medicina de punta, agregando valor a toda la cadena. “Con la innovación biofarmacéutica, hay todo un círculo virtuoso que se activa, que lleva al sistema de salud del país y al sistema económico a otros niveles”, sostiene.


Fuente: Diario Financiero

Start typing and press Enter to search