En la última década, la lucha contra el cáncer ha sumado un aliado que está abriendo enormes esperanzas para quienes cada año reciben este diagnóstico.

Se trata de las inmunoterapias, terapias biológicas con anticuerpos monoclonales que estimulan al sistema inmune del propio paciente para que sus defensas ataquen las células cancerígenas. Varias se están empleando con éxito para tratar melanoma y cánceres de pulmón y riñón, entre otros.

‘En el cáncer de pulmón metastásico, por ejemplo, estimamos que con inmunoterapia se llegará a más de 15% de pacientes vivos a cinco años, cifra que con la quimioterapia tradicional es de entre 0 y 3%’, dice el doctor Osvaldo Arén, director ejecutivo del Centro de Investigación Clínica Bradford Hill, quien expuso sobre el tema durante un encuentro realizado en Santiago sobre avances en inmunooncología en Chile, Perú y Argentina.

En otros estudios, el uso de inmunoterapias ha logrado 66% de pacientes sin recurrencia de melanoma en 18,5 meses, mientras que en carcinoma de células renales avanzado se ha logrado 75% de sobrevida a los 18 meses y una mortalidad 37% menor que con quimioterapia estándar.

En otros estudios, el uso de inmunoterapias ha logrado 66% de pacientes sin recurrencia de melanoma en 18,5 meses, mientras que en carcinoma de células renales avanzado se ha logrado 75% de sobrevida a los 18 meses y una mortalidad 37% menor que con el tratamiento estándar.

Negociar por volumen

Pero hay dos grandes factores que limitan el uso de las inmunoterapias, según una revisión publicada por investigadores de EE.UU., Francia y España en la última edición de la revista Science Translational Medicine.

El primero es que para la mayoría de los tumores sólidos, la fracción de pacientes que responde a estas terapias como intervención única ?sin combinarla con quimioterapia? es de alrededor de 20%. Aunque, aclaran, dependiendo de la indicación puede llegar hasta 80%.

El segundo factor es el alto costo de estos tratamientos, que asciende a ‘entre US$ 100 mil y 250 mil ($67 millones a $167 millones) por paciente, dependiendo de la terapia, su duración y el protocolo de administración’, dicen los autores, dirigidos por Lorenzo Galluzzi, de la Escuela de Medicina de la U. de Cornell.

Esto hace que “pese a tener aprobadas prácticamente todas las inmunoterapias disponibles” Chile tenga una baja tasa de acceso a estos tratamientos.

‘Las inmunoterapias oncológicas son un tremendo desafío’, explica el doctor Manuel Espinoza, profesor del Departamento de Salud Pública de la U. Católica. Esto, porque si bien han mostrado gran efectividad en sobrevida de pacientes, ‘evaluaciones económicas muestran que aún no alcanzan un umbral que las haga altamente costo-efectivas para Chile’.

De ahí que los especialistas estén ideando fórmulas para ampliar el acceso.

‘Lo que creo que puede funcionar es una negociación de precios conjunta a nivel latinoamericano, más una estrategia de riesgo compartido, donde al laboratorio se le paga solo si el fármaco funciona para el paciente’, dice el doctor Arén.

A esto suma un tercer elemento: ‘Asegurar un porcentaje de pacientes que entren a ensayos clínicos, y que estimamos que podría ser el 3% de la incidencia de cada país’. Si se dan los tres factores, dice el oncólogo, ‘el ahorro podría llegar a 60%’.

La propuesta es apoyada por el doctor Eduardo Richardet, director del Instituto Oncológico de Córdoba (Argentina): ‘En Argentina los tres sistemas de seguros de salud que compraban por separado negociaron en conjunto con los laboratorios y lograron rebajas de hasta 70% en otro tipo de fármacos. Eso significa que hay una posibilidad’.

Para Espinoza, sin embargo, la compra conjunta ?que a nivel regional funcionó con fármacos para la hepatitis C? por ahora no sería tan eficaz con las inmunoterapias, porque las indicaciones aprobadas aún son pocas, por lo que el número de pacientes es bajo. ‘Aunque a futuro eso puede cambiar’, señala.

Por otra parte, afirma, ‘el riesgo compartido tiene como gran desafío la confianza entre los actores involucrados’, como laboratorios, Fonasa, isapres e instituciones prestadoras. De hecho, agrega, ‘un piloto realizado en Chile para inmunoterapia no llegó a implementarse pese a tener resueltos los aspectos técnicos y jurídicos’. Una forma de superar este desafío, plantea, sería una agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias.

Agencia autónoma

Una alternativa que ha mostrado regular indirectamente el precio de fármacos y tecnologías médicas, y que ya funciona en países como Reino Unido, Canadá, Australia, Brasil, Colombia y México, es la Evaluación de Tecnologías Sanitarias (Etesa), destaca el doctor Manuel Espinoza, quien ha trabajado en una propuesta para Chile. El esquema se basa en una agencia técnica autónoma que establece el valor que el sistema de salud debería pagar por un medicamento o tecnología sanitaria en función de su costo-efectividad y otros elementos de valor social. ‘Esto da a la industria ciertas señales de los precios que deberían cobrar, lo que evita que se disparen, además de dar garantías de confianza a la sociedad y a los pacientes’, destaca Espinoza, quien agrega que esta iniciativa debiera ser liderada por la autoridad sanitaria y contar con el apoyo de sociedades médicas y profesionales de la salud.

Start typing and press Enter to search