Una de las principales causas de la intoxicación por mariscos son las Floraciones de Algas Nocivas –conocidas como “marea roja”– que producen toxinas que se acumulan en los moluscos, haciéndolos venenosos y, por lo tanto, letales para el consumo humano.

 

Aproximadamente mil millones de personal alrededor del mundo dependen del pescado y de los mariscos como su principal fuente de proteína animal. En países como Bangladés, Ghana, Guinea, Japón y Senegal, los productos marinos representan más del 50 por ciento del total del consumo proteínico de las personas, con una ingesta anual per cápita bien por encima de los 50 kilogramos en muchos de estos países.

Pero si bien comer mariscos es, por lo general, considerado saludable, lamentablemente se estima que entre 50.000 y 100.000 personas mueren todos los años consecuencia de su consumo. Tan solo en Europa, un estimado de 60.000 personas al año sufren de intoxicación por mariscos. El hecho de que los moluscos tóxicos y sanos luzcan y sepan exactamente igual hace que la Intoxicación Paralizante por Mariscos (IPM) sea un asesino pernicioso.

Una de las principales causas de la intoxicación por mariscos son las Floraciones de Algas Nocivas –coloquialmente conocidas como “marea roja”– que producen toxinas que se acumulan en los moluscos, haciéndolos venenosos y, por lo tanto, letales para el consumo humano. Los métodos para probar la toxicidad de los mariscos han sido históricamente muy caros, consumen mucho tiempo y no son amigables con los animales, puesto que a menudo involucran inyectar a ratones con muestras de agua y una espera de hasta tres días para ver si mueren.

Emilia Díaz, una bióloga chilena, soñaba con una mejor manera de hacer las cosas y se lamentaba de que “todos los días hay 3 millones de personas allá afuera que no pueden distinguir entre comida y veneno y podemos hacer algo mejor que esperar tres días para averiguarlo”.

Díaz concibió emplear los principios de la biología sintética para crear “computadores bacterianos” que utilizan la capacidad natural de los microorganismos para recolectar y procesar información sobre sus alrededores. La visión de Díaz era entrenar a las bacterias para reconocer la presencia de toxinas en las muestras de agua y expresar los resultados de laboratorio mediante simples cambios en el color de las bacterias. En 2013, Díaz fundó Kaitek Labs, que luego de varios años de desarrollo lanzó un producto llamado MOSES, por Microbial Optical Shellfish Evaluation Sensor (Sensor Microbiano de Evaluación Óptica de Mariscos), un kit in situ, sencillo y elegante que brinda una manera barata de detectar la toxicidad por IMP, con resultados rápidos de hasta cuatro horas. En esencia, Kaitek Labs utiliza las bacterias como ensayos de prueba in situ, efectivamente convirtiéndolas en biosensores. El procedimiento busca reducir drásticamente los costos y los tiempos de espera en el monitoreo de la seguridad de los mariscos, tanto para los reguladores como para la industria pesquera.

Kaitek Labs constituye una impresionante historia de éxito empresarial, puesto que Díaz ha perfeccionado una visión científica y un proceso tecnológico desde un prototipo de laboratorio, a través de rondas sucesivas de desarrollo del producto, hasta la creación de un bien comercializable. La compañía ha obtenido amplio reconocimiento y obtenido numerosos premios, incluyendo EmprendeUC’s Jump Chile (2012), AAA’S GIST (Marruecos 2014), International Business Model Competition de BYU (Estados Unidos 2015) y ha participado en la clase 2015 del Global Startup Program de Singularity University y en el 4to Cohorte de Rebel Bio en 2017.

Díaz reconoce que el éxito de la compañía depende en parte de la protección de la propiedad intelectual que hay detrás de su novedoso proceso de entrenar a las bacterias para detectar toxinas específicas e indicar su presencia mediante un simple cambio en la coloración. De tal forma, Kaitek Labs registró su primera patente en junio de 2016, la cual fue publicada en enero de 2017. El Número de Publicación Internacional 2017/002080 es una patente para un Sistema para la Detección de Toxinas Relacionadas a la Intoxicación Paralizante de Mariscos Basada en Microorganismos Modificados Genéticamente. La patente es para un método y un sistema biosensor para la detección rápida y sensible de toxinas relacionadas a la Intoxicación Paralizante de Mariscos o las Floraciones de Algas Nocivas. El invento busca más protecciones, incluyendo para la obtención de microorganismos genéticamente modificados, como bacterias, levaduras, líneas de células neuronales, líneas de células cardiovasculares, o cualquier otra célula que contenga al menos una ruta de detección que sirva como objetivo de efecto toxicológico.

En términos generales, el campo de aplicación del invento pertenece a las técnicas biotecnológicas que se usan para brindar métodos y biosensores para metabolitos ambientales que son tóxicos para la salud humana. La intención de Kaitek Labs es que esta sea la primera de un conjunto de patentes que protejan las diversas facetas de su plataforma de productos para el monitoreo ambiental. Díaz también señala que la compañía ha explorado conseguir licencias tecnológicas como un modelo de estrategia de negocios, pero reconoce que la obtención de derechos de propiedad intelectual es esencial para perseguir ese objetivo.

Kaitek Labs buscó en primera instancia aplicar su tecnología de detección de toxinas en los mariscos, reconociendo la existencia de una importante oportunidad de mercado. La compañía estima que las agencias regulatorias alrededor del mundo gastan aproximadamente $437 millones todos los años en detectar la toxicidad de los moluscos y reconoce que hay una industria mundial valorada en $1.300 millones interesada en garantizarse de que su pesca sea segura. Pero si bien Kaitek Labs ha buscado aplicar primero su proceso de detección bacteriana a las toxinas de los mariscos, la compañía espera en el futuro aplicar la misma técnica en detectar otro tipo de toxinas en los alimentos. En otras palabras, Kaitek Labs podría usar las bacterias como biosensores para cualquier metabolito específico.

Kaitek también ha ampliado su modelo de negocios brindando servicios de tercerización e investigación y desarrollo (I&D) para otras organizaciones, movilizando sus tecnologías propietarias para acelerar el análisis bioquímico y para que sus técnicas sean tomadas en cuenta en otras industrias orientadas a la seguridad de los alimentos o que dependen de esta. Kaitek Labs también ofrece apoyo a otras empresas biotecnológicas, brindando asesoría en el desarrollo de una metodología biotecnológica que Díaz ha perfeccionado en los cinco años desde que fundó la compañía.

Kaitek Labs es parte de un emergente clúster biotecnológico chileno que incluye a otras compañías como Andes Bio, la cual está trabajando en medicamentos contra el cáncer, y Lab4u que desarrolla tecnologías para usar dispositivos móviles como instrumentos científicos para la educación. CORFO, la Agencia de Desarrollo Económico de Chile, merece el crédito por su trabajo tendiente a incubar un sector biotecnológico en el país que, entre otras acciones, está haberle otorgado a Kaitek Labs una subvención de $350.000 en 2013 como capital semilla para el lanzamiento de la compañía.

Emilia Díaz y Kaitek Labs son un ejemplo poderoso del potencial de América Latina en la innovación en las ciencias biológicas y su poder de brindar soluciones innovadoras que mejoran la calidad de vida de las personas alrededor del mundo. También ilustran el papel fundamental que juega la propiedad intelectual en apoyar la comercialización de productos y facilitar el lanzamiento de un nuevo emprendimiento chileno que es altamente promisorio.

 

Stephen Ezell