Preocupación ha generado en diversos sectores la modificación, en el proyecto Ley de Fármacos II, del Código Sanitario que establece la prescripción de medicamentos exclusivamente por Denominación Común Internacional (DCI). Es decir, los médicos sólo podrán recetar genéricos.


Creemos que este cambio no sólo atenta contra la libertad de los médicos de prescribir – según su experiencia clínica – los medicamentos que consideran más idóneos para tratar las diversas patologías dependiendo de cada paciente, sino que además vulnera la libertad de los mismos pacientes a elegir libremente.

 

Existen innumerables ejemplos de medicamentos innovadores o similares preferidos por pacientes y médicos con años de experiencia por tener un mejor efecto terapéutico y/o ayudar a disminuir efectos adversos generados con otros fármacos. La marca constituye hoy la garantía de la promesa cumplida de un producto. Sin ella, se dificulta su identificación y preferencia.

En consonancia con esto y, lo más grave a nuestro juicio, es que la prescripción exclusiva por DCI afectará la salud de los pacientes, dada la desigual calidad de medicamentos en Chile.

Es necesario recordar que todavía, como lo ha reconocido el propio Ministerio de Salud, una proporción importante de los fármacos que se comercializa en el país no ha demostrado de manera completa su calidad, eficacia terapéutica y seguridad, como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tampoco hay que perder de vista un factor determinante en el mercado nacional: la posición dominante de las cadenas de farmacias, con sus laboratorios y marcas propias.

Estamos convencidos de que esta modificación propuesta por la Cámara de Diputados convertirá a la receta médica en un “cheque en blanco”, acentuando el poder de las cadenas al entregarles toda la decisión de compra en el mesón. A diferencia de un supermercado, donde el comprador puede elegir libremente entre una variedad de opciones de un mismo producto.

Lo más probable es que esta situación, además, no se traduzca en menores precios, como es la promesa del proyecto que salió de la Cámara de Diputados, sino que genere menos oferta, lo que permitirá a las cadenas, al dejar fuera a los fármacos de su competencia, subir los valores.

Esperamos que en la nueva etapa de discusión que se inicia en el Senado, estos factores se tomen en consideración para lograr lo que todos los actores del sector salud aspiramos: disminuir el gasto del bolsillo de los chilenos y que puedan acceder a medicamentos de calidad y tratamientos eficaces.


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Fuente: Cooperativa