La industria farmacéutica dirige gran parte de sus esfuerzos hacia la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos. Descubrir, desarrollar y testear nuevos tratamientos o fármacos es un proceso largo, frágil, riesgoso y complejo. El desarrollo de un nuevo tratamiento supera los 15 años debido a que los productos se someten a largas pruebas en ensayos clínicos que demuestran si el producto es efectivo y seguro para humanos. Este proceso implica costos que van desde los US$1.500 a los US$2.000 millones de dólares.

Según datos de la FDA (Food and Drugs Administration), la tasa de aprobación de fármacos de síntesis química ha ido bajando con el tiempo, en contraste con la tasa de aprobación de productos biotecnológicos o bioterapéuticos, que en los últimos 8 años mantiene una constante, lo que demuestra lo difícil y riesgoso que es el proceso de innovación farmacéutica.

La industria farmacéutica de investigación es uno de los sectores con el más alto riesgo de inversión en el mundo, si se considera que solo 5 de más de 10.000 componentes que se analizan como nuevos medicamentos se probarán en ensayos clínicos y de esos solo uno será aprobado para su uso en pacientes.

A pesar de ello, y según el estudio Global Innovation 100 Study 2015, la industria farmacéutica está dentro de las tres industrias que más invirtieron en I+D en 2015, junto con computación y electrónica (C&E), y automotriz. Además, destaca que la industria de salud está en posición de superar a la de C&E para convertirse en la industria que más invertirá en I+D en 2019, ya que 5 de las 11 principales empresas mundiales de I+D son compañías farmacéuticas basadas en la investigación.

Desde el año 2000, la industria farmacéutica norteamericana ha aumentado su presupuesto en innovación en cerca de un 55%, pronosticando una inversión en I&D de cerca de B$162 para el año 2020. Además, uno de cada 5 dólares de ganancias son reinvertidos en I+D, lo que permite que las compañías de innovación estén trabajando en el desarrollo de más de 1.500 nuevas medicinas para la cura de enfermedades como el alzheimer, artritis, VIH, cáncer, entre otras.

Gracias a la innovación farmacéutica se pueden salvar vidas, curar enfermedades y mejorar la calidad de vida de millones de pacientes en todo el mundo. Un ejemplo de ello, es que entre el 2000  y 2014 las vacunas contra el sarampión redujeron las muertes en un 79%.

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