Carta en Diario La Tercera: SEÑOR DIRECTOR


En particular, el proyecto propone limitar la facultad que tienen actualmente los médicos para prescribir medicamentos utilizando nombres de fantasía y que solo se haga utilizando el principio activo o denominación común internacional (DCI).

Esto tendría sentido y sería positivo únicamente en el caso de que todos los medicamentos hubiesen demostrado su eficacia terapéutica y calidad, permitiendo así una intercambiabilidad de éstos en el mesón de la farmacia, que sea siempre segura para el paciente.

Lo cierto es que esa no es la realidad que tenemos hoy en Chile y siguen existiendo medicamentos sin bioequivalencia, cuya eficacia y seguridad no está científicamente demostrada. Es por esto que resulta fundamental que el médico pueda prescribir el mejor medicamento para su paciente, según su criterio y conocimiento. Sin embargo, con la actual redacción del proyecto de ley se producen dos efectos no deseados: el primero es que una persona podría recibir un medicamento de incierta calidad; el segundo es que se transfiere totalmente el poder de prescripción al dependiente de la cadena de farmacias que, como sabemos, son una industria con un alto nivel de concentración y caracterizada por la evidente integración vertical con sus respectivos laboratorios. ¿Es eso lo que queremos como sociedad?

Hacemos un llamado a ampliar y profundizar la política de bioequivalencia en nuestro país, para asegurar el acceso de toda la población a medicamentos de seguridad y eficacia demostrada.