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Columna de Mariela Formas en El Mercurio: "¿Podemos llegar a la luna?"
11 de enero de 2022
¿Podemos llegar a la Luna? Por Mariela Formas Vicepresidenta Ejecutiva de la Cámara de la Innovación Farmacéutica | CIF
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En medio de la Misión Apolo 11 –que llevó a la humanidad a pisar la Luna–, el director científico de la NASA recibió una carta de una monja que cumplía funciones en Zambia. La religiosa le preguntaba cómo podía destinar tanto dinero a estas misiones mientras millones de niños morían de hambre. El director de la NASA, en su respuesta, evocó la historia de un rico conde alemán que financió actividades científicas de un lugareño que fabricaba lentes de cristal, y que luego darían paso a la invención del microscopio con los beneficios que ello implicó para toda la humanidad.

Lejos de ser una anécdota, esta historia representa lo que significó la misión a la Luna, cuyas lecciones trae al presente la economista italiana Mariana Mazzucato en su último libro Misión Economía, que en el contexto del Chile actual nos interpela más que nunca.

Chile por décadas ha esquivado su propio desafío de llegar a la Luna. Hemos multiplicado casi por 100 las exportaciones que teníamos a comienzos de los años 60, no sin cierta diversificación dentro de algunos sectores, pero con poca participación, en general, de sectores secundarios y terciarios con mayor incorporación de conocimiento. Chile es, además, el país OCDE que menos invierte en I+D, con sólo un 0,36% del PIB, muy debajo del 2,34% promedio.

Contar con un ecosistema de innovación robusto no es ilusorio, pero requiere una conducción decidida. Conocida es la experiencia de Corea del Sur, cuyo PIB per cápita en los 60’ equivalía a un tercio del de Chile, pero, sin embargo, luego del giro económico-industrial de los 70’, Corea del Sur despega pasando rápidamente de exportar pescado y cereales a exportar autos, maquinaria eléctrica, tecnologías de información, con un actual ingreso per cápita casi un 70% superior al de Chile.

Más allá de lo que pudiera pensar cualquier economista respecto a la inversión que un cambio de eje de esta naturaleza pudiera requerir, lo cierto es que las retribuciones de estas inversiones están por muy superior a dicha inversión. Así fue en el caso de Apolo, donde el gobierno de EE UU fijó una misión de largo plazo que muchos temieron. El programa le costó al Estado US$ 260 mil millones (al valor de hoy) e involucró a más de 400 mil trabajadores.

Las razones para hacer un cambio de dirección están a la vista. A las inercias productivas que arrastra Chile, se suman nuevos desafíos globales como el cambio climático, próximas pandemias y las demandas sociales, que instan a los líderes mundiales a la urgencia.

También se requiere una forma distinta de interacción entre el Estado y la industria, que no eluda el hecho de que el resultado final de una sociedad –la retribución de su economía, la cohesión social, la equidad− surge de la interacción colaborativa entre todos los actores, incluida la industria y la sociedad civil.

La respuesta es sí. Podemos llegar a la Luna si el próximo gobierno asume el desafío de fijar un renovado sentido de propósito, que remueva nuestras actuales barreras, potencie la colaboración público-privada y adopte la innovación. Y se comprenda que, para el país, el momento actual es tan decisivo como la misión del hombre a la Luna.

Lee la nota de El Mercurio aquí: https://digital.elmercurio.com/2022/01/11/B/8J42O0UJ#zoom=page-width

Contenido redactado por Cámara de la Innovación Farmacéutica bajo licencia Creative Commons